Urge resolver el problema del congestionamiento vehicular

En los últimos años moverse por la ciudad se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza no solo para los panameños, sino también para aquellos turistas que vistan nuestro país

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Durante los últimos cuatro lustros, al margen de las diferencias políticas de quienes han gobernado en un momento determinado, Panamá ha desarrollado un esfuerzo serio y constante para convertirse en un centro de negocios internacional y en un destino turístico de primer nivel, aprovechando nuestras ventajas comparativas y competitivas como nuestra posición geográfica, nuestro alto nivel de conectividad marítima y aérea, una plataforma de servicios financieros internacionales de primer mundo, el uso del dólar estadunidense, una plataforma logística y comercial envidiable y una estructura arancelaria y fiscal que favorece a los consumidores.

Estos esfuerzos han atraído al país, por ejemplo, a más de 110 empresas multinacionales que han establecido operaciones regionales en nuestro territorio. Pero también nos ha permitido convertirnos en una plaza ideal para la compra de electrodomésticos, computadoras, ropa, calzados, perfumes y mercancías provenientes de todas partes del mundo. Todo esto nos ha convertido en un mercado único en la región, en el que están presente una amplia variedad de marcas globales, lo que incluye desde marcas desarrolladas localmente hasta las más exclusivas y costosas del mundo. 

Sin embargo, estos esfuerzos podrían perderse debido a que en los últimos años moverse por la ciudad  capital se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza no solo para los panameños, sino también para aquellos turistas que visitan nuestro país para realizar sus compras sin que hasta la fecha ninguna autoridad se haya percatado de la profundidad del problema y de lo que está en juego debido a esta situación, que se agrava en los meses de noviembre y diciembre.

Es cierto que existen razones estructurales y sociales que pueden explicar en parte los intensos congestionamientos vehiculares que vive la ciudad de Panamá y su intensificación durante el mes de diciembre. Pero el deber de las autoridades nacionales, y particularmente de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (Attt) y la Dirección de Operaciones de Tránsito de la Policía Nacional (DOT), es adoptar las medidas correspondientes para garantizar un tráfico fluido en todo momento. No se trata de la adopción de medidas improvisadas, como las adoptadas recientemente por el Gobierno Nacional, se trata de establecer políticas que ayuden a entrar y salir de la ciudad de Panamá.

Con la miopía que caracteriza las reacciones tardías, el Ejecutivo ha adoptado algunas medidas centradas fundamentalmente en facilitar el ingreso y salida de la ciudad capital de los residentes de Panamá Oeste. No obstante, el problema del congestionamiento vehicular va más allá de reducir el tiempo de viaje de esas personas de dos y tres horas a una hora u hora y media.

Y lo triste es que la información para mejorar la situación existe. Por ejemplo, la Attt ha hecho estudios que han permitido identificar un total de 15 cruces semaforizados de alta incidencia de accidentes en la ciudad de Panamá, mientras que la DOT asegura que ya tiene identificados un total de 60 puntos críticos en la ciudad capital, los cuales deben contar con presencia policial para mejorar la circulación vehicular.

Por supuesto, hay muchas otras medidas que podrían ayudar a mejorar la circulación en la ciudad capital, como sacar de circulación aquellos vehículos que no cuentan con la matrícula vigente o que no hayan aprobado la revisión anual, prohibir la entrega de mercancía durante las horas de mayor tráfico o incluso en horas del día, limitar la circulación de camiones de carga o portacontenedores a las vías principales (para evitar que congestionen las vías alternas) y establecer un centro de operaciones moderno que permita el control del tráfico mediante un sistema de semaforización inteligente.

A más largo plazo habría que pensar en cómo desincentivar la compra de autos nuevos y usados para que la mayoría de los consumidores opten por el uso del transporte público, especialmente el Metro de Panamá, que gracias a una fuerte inversión pública hoy es una alternativa eficiente y económica de movilidad para miles de ciudadanos y lo será aún más con la construcción de las Líneas 2 y 3. Por ejemplo, sería interesante explorar la posibilidad de limitar al máximo la importación de autos usados, entendiendo que en el país existe una oferta suficientemente amplia de vehículos de segunda mano que hacen innecesaria su entrada desde otros países.

Más importante aún, el Estado debería evaluar la posibilidad de ofrecer incentivos para la construcción de viviendas para la venta o alquiler en las áreas de influencia tanto de la Línea 1 como en las Líneas 2 y 3 del Metro de Panamá, además de eliminar los requerimientos de estacionamientos mínimos por metro cuadrado vendible en esas áreas y en aquellas franjas de la capital en donde el sistema de transporte público, Metrobus, es más eficiente.  De forma que las viviendas con acceso al transporte público sean más accesibles y se elimine la necesidad de los compradores potenciales de contar con un transporte particular.

Hay que tener presente que la economía local en esta situación tiene un impacto negativo. De hecho, conforme a una encuesta realizada hace cuatro años por la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá (Cciap) a un grupo de empresas que se concentran en las actividades industriales y comerciales al por mayor y al por menor registradas en los distritos metropolitanos de Panamá y San Miguelito, el costo aproximado de los tranques mensualmente era de $25,7 millones. Lo que representa un costo anual aproximado de $308,4 millones. Una cifra que seguramente hoy será mucho mayor.

Sin embargo, lo que no se ha medido a la fecha es cómo los grandes congestionamientos vehiculares que se registran actualmente en la ciudad de Panamá, están impactando la imagen de nuestro país como centro de negocios internacionales y como destino turístico de compras de clase mundial porque es evidente que ningún inversionista o turista se interesa por establecer un negocio o ir de compras en una ciudad congestionada permanentemente y peor aún, en una ciudad donde la autoridad no está presente en las calles para garantizar una circulación fluida y en orden.

Ante esta realidad es necesario que el Ejecutivo comprenda que el tema del congestionamiento vehicular no se limita a su impacto en la economía doméstica y la calidad de vida de la población, ni es solo un tema que se debe afrontar durante las fiestas de Fin de Año, sino que, además puede tener un impacto negativo a largo plazo en la competitividad de nuestro país para atraer inversión extranjera y en nuestros esfuerzos para convertirnos en el principal centro de negocios de las Américas. 

Redacción

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