VIDA MODERNA
El Financiero

LITERATURA NUEVA RECOPILACIÓN DE SUS TEXTOS RESIDUALES

Cortázar

Jaime Coller

GDA / El Mercurio / Chile

De los textos inéditos de un ficcionador debieran ocuparse algún escritor o escritora que lo sobrevivan, no su viuda ni sus albaceas, ni siquiera los editores con acceso a esos materiales póstumos, por más que sea el propio autor quien los haya designado, y con ese fin, a esos emisarios supervivientes.

El caso de Kafka y Max Brod es suficientemente ilustrativo de los riesgos que supone dejar al alcance de esos familiares y conocidos (llenos de buenas intenciones y proclividades al homenaje póstumo) papeles varios que hubiera sido mejor reciclar o abolir resueltamente de los baúles y cajones. De no ser por Brod no habría un Kafka, lo que es un gesto de agradecer en sí mismo, pero hay a la vez las manipulaciones a que dio lugar el tratamiento que Brod hizo de sus escritos, la purga discrecional de ciertos contenidos que Brod juzgó purgables, el ordenamiento episódico no siempre coincidente con un cierto desorden que a Kafka le era, al parecer, muy grato. Y, lo más grave de todo, cierta lectura interesadamente “judaica” de Kafka, que terminó viendo en su obra símbolos religiosos claramente ajenos al espíritu escéptico y nada religioso del autor.

Hay otros casos más recientes y más próximos a nuestras letras. Como la pugna tan pertinaz que han suscitado las decisiones de María Kodama a la hora de reeditar textos de Borges que al propio Borges lo hacían sonrojar y lo llevaron a desecharlos para siempre de sus Obras Completas. El caso de Bolaño es todavía un enigma. No será fácil discernir, al cabo de los años, cuántas de las decisiones tomadas con su última novela o sus textos póstumamente alumbrados fueron del todo acertadas o se hacen eco de lo que el propio Bolaño tenía en mente para sus escritos finales o inéditos.

Decisiones póstumas

Con estos Papeles inesperados de Cortázar, rastreados en un baúl aún en posesión de Aurora Bernárdez, su viuda y albacea por derecho propio (en tanto el propio Cortázar los dejó a su cuidado y la designó como tal), afloran dudas parecidas o cuando menos algún sobresalto, preguntas a su vez irrespondibles. Una suma de interrogantes respecto de la conveniencia real de esta exploración tan persistente en los baúles del autor argentino, como la que hace tiempo suscitó, por citar sólo un caso, la edición de El examen, manuscrito que sólo contribuye, según no pocos de sus lectores, a menoscabar la obra en efecto publicada en vida por su autor.

La selección y edición estuvieron, en el caso presente, a cargo de la propia Aurora Bernárdez y de Carlos Álvarez Garriga, especialista en la obra cortazariana. El volumen agrupa el material rescatado del cajón en tres grandes secciones: Prosas, Entrevistas ante el espejo (o autoentrevistas) y Poemas. Entre los materiales incluidos en las Prosas hay una decena de cuentos y materiales “sobrantes” o descartados por Cortázar de sus Historias de cronopios y de famas y de Un tal Lucas, ese engendro curioso por cuya boca hablaba el propio Cortázar con mayor comodidad. Hay además variados discursos de índole doctrinaria o política y hasta breves homenajes o prólogos reseñados por el autor en apoyo de otros creadores. Hasta se incluye algún discurso muy pomposo e institucional pronunciado en su juventud, cuando era -como se suele decir- un oscuro profesor de provincias. No es un texto demasiado representativo de su filtro personal ante el mundo, pero le sirve a uno de consuelo, esto de comprobar que el gran Cortázar estuvo, él también, sometido a esos rituales desangelados (aunque a la vez pensando en la que hubiera sido su reacción -con seguridad horrorizada- de saber que sus amigos andan ahora ventilando esta clase de cosas).

Las Entrevistas y Poemas son menos numerosos; se diría que el plato fuerte está, como sucedió en vida del autor, en sus relatos y textos ficcionados. Un antologador adicto a un criterio estrictamente literario -ese amigo escritor que he mencionado de entrada- se lo hubiera apostado todo, sencillamente, a los cuentos que abren la selección, suscitando -sencillamente- un volumen de relatos póstumo, prescindiendo de tantos materiales accesorios que le siguen. El problema estriba, pues, en lo muy ambicioso y abarcador de la recopilación y en su carácter en exceso fragmentario, a ratos desorientador.

Lo que no sucede con los once cuentos que abren la selección: Varios textos desde todo punto de vista rescatables, incluso necesarios, en que afloran tempranamente los procedimientos que luego habrían de configurar el genio cortazariano. Como su devoción temática por esa grieta que irrumpe en lo cotidiano, acechando a la gran costumbre y la solemnidad; como los textos metaliterarios que hacen de la escritura su tema y un objeto improvisado de escarnio; como los relatos de índole idiosincrática en que asoman la argentinidad y sus desvaríos entrañables (y eso que no ocurrían aún las eliminatorias mundialistas); como la piroctecnia verbal a costa de los objetos que nos circundan, o la ironía política. Hay entre esos once cuentos del inicio versiones alternativas a cuentos luego publicados, previas a ellos, en los que incluso varía el punto de vista luego escogido por el autor, y eso es, una vez más, de agradecer. Asistimos, a través de ello, al proceso que Álvarez Garriga menciona en su prólogo: ese proceso íntimo y desconcertante en virtud del cual un autor como otros muchos se transformó en un genio literario y un referente imprescindible de su época.

Material archivable

No ocurre lo mismo con los textos sustraídos en su día -y aquí relanzados- a los cronopios y famas o a Un tal Lucas, o con los fragmentos y capítulos que faltaron en El libro de Manuel, muchos de los cuales resultan prescindibles. Hizo bien, el Cortázar más riguroso con sus materiales, al descartarlos. ¿Qué sentido tenía, o tiene a estas alturas, rescatar de las cenizas -las cenizas que nunca fueron- esos empeños archivados?

De todo ello surgen algunas conclusiones paradójicas. Nadie que vibrara con la obra cortazariana tal y como ella quedó reunida en vida del autor -y es ciertamente mi caso- puede dejar pasar estos papeles inéditos, pero esa exploración quizás ineludible lo llevará por un derrotero sinuoso y no siempre útil, no siempre esclarecedor, y a reflexionar en torno a lo que esta clase de empeños -el hurgueteo inmisericorde en los cajones del autor fenecido- supone y conlleva. ¿Qué si es necesario explorar en estos materiales? Probablemente, pero a ello cabe sumar algunas advertencias -una caveat lector- que a ratos se echa en falta en esta edición tan entusiasta de sus bienintencionados albaceas.

A saber: que el material inédito y de antaño es, las más de las veces, en tanto el propio autor no se resolvió a ventilarlo, un material preparatorio de sus connotados esfuerzos ulteriores; que es muchas veces redundante y suscita una saturación equívoca con procedimientos literarios que fueron luego perfeccionados por el autor; que está no pocas veces descontextualizado, rotulado de modo diverso a las intenciones del autor y organizado no según sus criterios más o menos estrictos, sino al gusto del editor o albacea supervivientes; y que es un material manipulable (vuélvase al ejemplo de Max Brod).

EN EL AIRE
VINCULOS
¿QUIÉNES SOMOS? Capital.com es una publicación electrónica económica, financiera, de tecnología y negocios cuyas versión impresa, Capital de Panamá, comenzó a circular agosto del 2000. Se dirige a un público que requiere información actual, de calidad y confiable para la toma de decisiones en empresas privadas e instituciones estatales y ese es el espíritu editorial de la publicación. Más...
©2009 Capital. El contenido de Capital no puede ser reproducido, transmitido ni distribuido total o parcialmente sin la autorización previa y por escrito de Capital.