OPINIÓN

Agenda sanitaria para el quinquenio 2009-2014

César Quintero Sánchez

Si pretendemos mejorar durante el próximo quinquenio los indicadores sanitarios y la calidad de vida de nuestros compatriotas, debemos partir de algunas premisas básicas.

En primer lugar, no deberá construirse o aceptarse como regalo ni un puesto de salud, mucho menos un hospital, si no se han definido previamente en una evaluación, cuál será su sitio y rol en la red de servicios, su capacidad real de respuesta, el origen y sostenibilidad del financiamiento para su funcionamiento, la disponibilidad real del personal para que labore en el mismo y la procedencia, cantidad y complejidad de la demanda de los supuestos pacientes que acudirán a sus instalaciones.

En el área de los recursos humanos, están todavía pendientes de evaluar entre otros, el escabroso tema de los exámenes de pre-grado y especialidades, la educación contínua, además del problema del internado o servicio obligatorio para algunas de los profesionales del sector, que por la creciente incapacidad presupuestaria estatal, cada día que pasa se torna en un verdadero cuello de botella para el libre ejercicio profesional.

La concentración de la capacidad de respuesta en las ciudades cabeceras y terminales canaleras, produce inaccesibilidad al usuario y la deficiencia en la tecnología en los hospitales regionales e instalaciones sanitarias del interior del país, constituye por sí misma una inequidad y discriminación hacia el panameño de nuestras áreas rurales. El tema de los nuevos modelos de “Atención”, en los que se asignan responsabilidades directas a un equipo básico para que promuevan y preserven la salud en espacios de población definidos y no tan solo para que atiendan la enfermedad, deberá ser asumido e internalizado por las nuevas autoridades, a fin de que pueda ser ejecutado. El hecho consumado de las contrataciones privadas de paquetes de servicios realizados por el Patronato del Hospital de San Miguelito y la proliferación legal de Patronatos Cívicos o Consejos de gestión para mejorar la administración de nuestras unidades ejecutoras, deberán ser sometidas a una prolija evaluación económica para determinar las bondades de su cobertura, calidad, costo-beneficio y efectividad, todo esto antes de generalizar su aplicación.

Se hace impostergable internalizar la prioridad número uno en el área metropolitana, la cual es la construcción de hospitales periféricos de segundo nivel de complejidad y la creación de una unidad de alta complejidad, que concentre y utilice la tecnología de punta para satisfacer la demanda nacional, lo que evitaría la fuga de divisas hacia el exterior, en busca de procedimientos y tratamientos que aún no realizamos en nuestro país.

La decisión sobre los roles del Hospital Pediátrico, del Susana Jones, del Hospital San Miguel Arcángel, del Hospital del Niño, del Hospital Santo Tomás y el Complejo Hospitalario Metropolitano demandará de un amplio diálogo y definición de prioridades, teniendo como prioridad la provisión de Salud a todos los panameños con equidad, eficiencia y calidad.

Es hora de volver a la propuesta institucional de realizar giras médicas, por lo menos tres veces al año a los lugares de más alta concentración de las decenas de miles de nuestros sitios poblados en el interior del país y de hacer un esfuerzo tan grande como el de la ampliación del canal, para construir y equipar de manera planificada y por etapas; un puesto de salud en cada regimiento, un centro de salud o ulaps en cada uno de los 621 corregimientos, un policentro o policlínica y un hospital local en cada uno de los 75 distritos y un verdadero hospital regional con real capacidad de respuesta en cada una de las regiones, provincias o comarcas existentes en la organización política del país.

Creo que todos estamos de acuerdo en que se hace necesario tomar decisiones urgentes e inmediatas en el Sector Salud Panameño. Entre ellas está el dotar de un Hospital Regional adecuado a Bocas del Toro, Colón, Darién, San Blas y la comarca Ngobe y la creación por parte de la CSS de las nuevas regiones a fin de completar las 14 existentes. Es realmente trascendente que una sola cabeza dirija los recursos de la CSS y el MINSA a nivel de cada una de las catorce regiones de salud. El bicefalismo en la conducción, al igual que el excesivo centralismo burocrático, lo único que han traído al sistema ha sido la ineficiencia. El Ministro de Salud deberá reasumir la conducción plena del Sistema Público de Salud y la compensación por costos unitarios preservará la responsabilidad financiera de cada una de las dos Instituciones.

No está de más recordar que no creemos en los paquetes básicos de atención que limitan a vacunas o acciones de prevención el deber del estado de velar y preservar la salud de sus ciudadanos. Esto aclarándole a los que no aceptan que se les contradiga por poseer el patrimonio de la verdad absoluta, que el individuo que posee recursos propios deberá sufragar sus gastos, pero aquel que no tiene ni para comer, vestirse y ahora transportarse, el Estado tiene la obligación indeclinable de proveerle servicios de salud gratuitos y de manera integral durante todo el transcurso de su existencia.

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