Acercamiento entre Cuba y EE.UU. enfrenta futuro incierto

HAB24 LA HABANA (CUBA) 29/11/2016.- Miles de cubanos participan hoy, martes 29 de noviembre de 2016, en el acto celebrado para despedir al fallecido líder cubano Fidel Castro, en la Plaza de la Revolución de La Habana (Cuba). Al evento también asisten mandatarios y personalidades de varios países. EFE/Ernesto Mastrascusa

Fidel Castro siempre mostró desconfianza sobre el acercamiento estadounidense. Poco después de que Raúl Castro, su hermano menor, anunció en enero de 2015 que él y Barack Obama habían reestablecido relaciones, Fidel dijo: “Yo no confío en Estados Unidos (EE.UU.)”.

Después de que el señor Obama visitó La Habana en 2016, Fidel afirmó de nuevo su opinión. El líder revolucionario retirado de 89 años de edad se quejó en un artículo en el periódico sobre cuántos episodios en la historia de Cuba estaban repletos de violencia inspirada por EE.UU., y que Cuba no tenía nada que aprender de EE.UU. “No necesitamos que el imperio nos regale nada”.

Hoy, ocho semanas antes de que Donald Trump sea inaugurado como el presidente de EE.UU., las palabras del señor Castro, quien murió el pasado viernes 25 de noviembre, tal vez se vuelvan realidad. Esto se debe en gran parte a que, aunque al señor Trump no le importa mucho lo que suceda en la isla, hay un grupo de republicanos opuestos al acercamiento para quienes Cuba es muy importante.

“Creo que habrá un retroceso significativo de la política con respecto a Cuba bajo el señor Trump, a pesar de que la isla y las implicaciones estratégicas de las relaciones entre Cuba y EE.UU. no tienen mucha importancia desde su punto de vista”, dijo Frank Mora, un ex subsecretario asistente de Defensa, quien dirige el Centro Kimberly Green de Estudios Latinoamericanos en la Universidad Internacional de Florida.

“El señor Trump tiene cosas más importantes que hacer, así que delegará la responsabilidad de Cuba a aquellos en el Gobierno para quienes Cuba es importante. De esa manera ganará favores políticos de su parte, ya que han anunciado públicamente que hay que cambiar la política con respecto a Cuba”.

El señor Trump aún no ha dicho cómo cambiaría la política de detente, cuyo objetivo es crear un suave aterrizaje post-Castro a través de incrementar el turismo y los negocios estadounidenses, una estrategia que muchos críticos caracterizaron como un respaldo del régimen comunista de La Habana.

A finales de la década de 1990, la compañía del señor Trump buscó oportunidades comerciales en Cuba, aunque dichas actividades eran ilegales bajo la ley en EE.UU. en ese momento. Al inicio de su campaña presidencial, el señor Trump dijo que aprobaba la política de acercamiento a Cuba del señor Obama, aunque afirmó que él buscaría un “mejor acuerdo”. Más tarde, les prometió a todos los conservadores votantes cubano-americanos en Florida que echaría atrás las políticas del señor Obama, que fueron implementadas por orden ejecutiva, por lo que pueden ser fácilmente derogadas por el señor Trump.

Marco Rubio, el senador republicano cubano-americano de Florida quien se postuló en contra de Trump durante las elecciones primarias de su partido, dijo que estaba complacido por el cambio de actitud del señor Trump. “Siempre estamos buscando cambiar las opiniones de las personas”, le dijo a CNN.

Según la consultoría Latino Decisions, 48% de los cubano-americanos votaron por el señor Trump y 50% por Hillary Clinton frente a 18% y 79%, respectivamente, del resto de la población latina en el país. En Florida, 52% de los cubano-americanos votaron por el señor Trump.

El señor Trump —quien envió un mensaje por Twitter que decía “¡Se murió Fidel Castro! Aunque Cuba sigue siendo una isla totalitaria, espero que hoy marque el comienzo del rechazo de los horrores que se han soportado durante tanto tiempo, y del movimiento hacia un futuro en el que el maravilloso pueblo cubano finalmente podrá vivir en su bien merecida libertad”— nombró la semana pasada a Mauricio Claver-Carone, abogado y miembro de un grupo de presión quien ha criticado la normalización de las relaciones entre Cuba y EE.UU., como parte de su equipo de transición en el departamento del Tesoro. Este departamento se encarga de aplicar las restricciones comerciales y de viaje del embargo estadounidense.

Sin embargo, nada es seguro. El equipo de transición de Donald Trump anunció que el presidente electo tenía una mentalidad abierta sobre cómo abordaría las relaciones diplomáticas con Cuba.

“Él está abierto a estudiar y reajustar las relaciones” afirmó Kellyanne Conway, una asesora en jefe del señor Trump, en una entrevista con ABC. “Su crítica de lo que ha sucedido en los últimos años es muy sencilla: No recibimos nada a cambio”.

Un factor en contra de enfriar las relaciones es el incipiente grupo de cabildeo comercial en EE.UU. que desea buscar oportunidades comerciales en Cuba. Ted Piccone, experto principal de la Iniciativa para América Latina de la Institución Brookings, dijo que el enfoque de la administración Trump sería determinado “como ha sucedido anteriormente, por la política doméstica, en lugar de la política exterior”, conforme el señor Trump está siendo presionado a seguir una dirección por los cubanos de Miami, y hacia otra diferente por los grupos empresariales que favorecen vínculos más estrechos.

Pero si el señor Trump realiza sus promesas, ambos países probablemente volverán a asumir la actitud de estancada desconfianza que ha caracterizado su relación desde que Fidel Castro tomó el poder en 1959. Raúl Castro, quien asumió la presidencia de su hermano en 2008, probablemente entonces seguirá avanzando, lentamente, con las significativas pero limitadas reformas económicas que inició para balancear las metas conflictivas de liberalizar la economía estilo soviético y a la vez mantener el control estatal.

John Paul Rathbone y Geoff Dyer
Financial Times
Redacción

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